Telón
>> 15 nov 2010
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Estoy indignadísima.
No he escrito antes sobre la tercera sesión del taller “Expresa a tu creadora interior” de Castos Anónimos porque no quería manchar de bilis la blancura inmaculada de mi blog. Pero he de sacar esto de mí ya. Me está envenenando.
Llegué solo quince minutos tarde a la sesión y ya habían comenzado. Qué falta de cortesía, como si la sección local de Castos en Remoria fuera un cantón suizo. Maldita disciplina.
Me senté, agitada por la carrera y la expectación. Jadeaba bajito. Cuando me recompuse, le pregunté qué me había perdido a Rosario, la casta sesentona sentada a mi derecha. No sé si es porque es encajera de bolillos o por su tartamudez o por su ligero alzheimer, pero a los tres minutos de entrecortados susurros le dije que gracias, que ya lo había pillado. Mientras, Severino, nuestro monitor, con camiseta y pantalón de camuflaje de gala (se notaba que era un día especial), impostaba la voz en una soflama sobre el poder transformador de la poesía. Con algo de miedo (Rino tiene un pronto más épico que lírico) conseguí entregarle mi poema-tarea en una pausa que hizo para respirar. Me senté asertiva en la ascética silla y esperé.
Y empezó.
Severino leyó uno tras otro los catorce poemas entregados. El mío, claro, fue el último, así que ni entonación, ni ritmo, ni cadencia, ni emoción alguna... Lo leyó de mala gana, sin voz de siglo de oro ni na. En fin, casi nadie se enteró, ni pimiento que les importaba. Me quedé planchadísima ¿Dónde estaba el silencio sobrecogido por la magna obra? ¿Dónde las loas? ¿Dónde las peticiones de copias firmadas de mi excelente plagio poema “Qué mal ando”?
Empecé a decirme “vanidad de vanidades, todo es vanidad”, pero me jodió citar el Eclesiastés, siquiera mentalmente, así que me mordí el labio y compuse una sonrisa giocondosa cuando Severino dijo que no podíamos comentar todos los poemas, así que analizaríamos el de Susi, por su plástica y precisa expresión de la soledad sonora de la casta.
Susi, emperifollada emperejilada con un kimono para el evento, se levantó presurosa y ocupó el centro de la sala. Nos miró uno a uno (a los catorce), tomó aire y recitó:
Severino y la SGAE me han hecho creativa.
Llevaba días enloquecida, intentando sacar a mi creadora interior para cumplir con la tarea que nos había ordenado Severino, el monitor lírico. Había leído de todo en internet: revistas literarias, antologías digitales, foros de wannabes, blogs cursis... En mi desesperación llegué a buscar incluso libros de poesía ¡en papel! En vano: la inspiración no venía. De repente, recordé lo de que el genio es 99% perspiration y 1% inspiration y pensé en irme al gimnasio a sudar, pero me paré a tiempo. No me he puesto el chandalito por razones obvias.
Dos horas antes de la sesión de Castos Anónimos, seguía en blanco. Me temblaban las piernas de pensar en enfrentarme a Rino sin los deberes hechos. Pero, de repente, en mi desenfrenada búsqueda, me topé con la enésima noticia del día sobre la SGAE. Ha sido una experiencia inefable, pero ea, la voy a contar. Sentí cómo se hacía el silencio, mientras una luz cálida y brillantísima caía sobre mí desde el cielo. Oí los cadenciosos acordes de un arpa y la brisa me trajo olor a azahar. "Tate, Leren", me dije, "esto es la inspiración".
Lo era. La asociación de ideas al leer 'SGAE' fue como un reactivo inmediato: ¡a plagiar! Si yo no tenía npi de cómo expresar el dolor infinito, la sobrecogedora angustia, la inmensa tragedia vital de una casta de larga duración en, digamos, tercetos encadenados, recurriría a otros. Pero, ¿cómo hacerlo sin que la SGAE cayera sobre mí? Había visto un soneto ajeno que podía quedar mono para mi taller, pero tenía miedo de que me pillaran...
Me ha llevado una hora, pero he conseguido un listado de los socios de la SGAE. ¡Y el tal Quevedo no está entre ellos! Debe de ser un don nadie. Estoy a salvo. Pues hala, corto, pego y retoco un poquitín y no creo que Severino note nada.
¡A la ducha! Me quedan veinte minutos para llegar a la sede de Castos; tengo que correr si quiero expresar hoy a mi plagiadora interior.
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